Es en este entorno donde el Cerdo Ibérico encuentra su particular paraíso, donde campa a sus anchas y donde halla su alimento favorito, aquel que le convertirá en objeto de deseo: La bellota.
La bellota es el fruto característico producido en la Dehesa por las Encinas, los Alcornoques y los Quejigos, entre otros, y en su composición natural destacan los ácidos grasos y los glúcidos que el Cerdo Ibérico asimila con una proporción aproximada de ocho kilogramos de bellota por uno de reposición, trasladando sus propiedades a su carne para hacer de ella un manjar único e irrepetible.
Además, en el marco incomparable de Guijuelo, flanqueado por las imponentes Sierra de Gredos, Sierra de Béjar y Sierra de Francia, se dan unas condiciones climáticas únicas que hacen que la curación de los productos sea sencillamente extraordinaria. Su clima de montaña, de intenso frío seco en sus largos inviernos y de veranos cortos, es el idóneo para la curación y conservación de los productos Ibéricos que encuentran en Guijuelo la mejor plaza donde reposar, adquiriendo todos los aromas, sabores y texturas que les caracterizan. |